el árbol se refugió en la hoja, y la hoja en el árbol, la casa en la puerta y la puerta en la casa. Después vi al árbol hecho hoja y la casa hecha puerta... desde entonces tuve que hacer un esfuerzo para no refugiarme en mis manos.
ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos lentos de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi cara, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos.
1 comentario:
tus entredas, la mayoria de las veces, me dejan sin aire
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