martes, 29 de septiembre de 2009

Cosquillas desde el esófago hasta la médula


Yo vengo de un país de gente despreocupada, donde la palabra enojo es una sombra que desaparece cada mañana con la salida del sol. Un país donde las letras "p" y "s" juntas se usan únicamente adelante de "psicodélico" y nunca jamás para nombrar el término "psicótico" (mala palabra en la madre patria).  Allá, los únicos males condenados por la sociedad son el rencor, el silencio, la falta de originalidad y la tos. Y toda la gente sonríe cuando se mira o se cruza en la calle o en las góndolas de los hipermercados.



El amor, en mi país, es el pan de cada día. Lástima que a veces me sienta tan lejos de casa...

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Trois


1) Mi (simple) vida es a veces como un remolino, que da vueltas (lentas), pero vueltas al fin, que me confunden y me marean (de a poco). Ningún proceso es rápido, pero cada día estoy parada en un lugar diferente y pienso que ayer estaba pensando en algo que hoy no se me ocurriría pensar porque aunque sintamos que el tiempo está estancado en el presente, el presente no es fijo sino que es como el campo cuando uno va en auto a algún lugar lejano: parece mantenerse constante, pero siempre estás en otro lugar. Crecí y retrocedí y que en esta constante lucha por encontrarme a mí misma me encuentro con muchos otros que hacen que me redescubra de una manera distinta: más soñadora que superficial, más corazón que cara, más acción que meditación, más amor que indiferencia, más yo que otros, más comunidad que sociedad.

2) Te quiero porque cuando me miras, me mirás como quien mira a través de un vidrio: mirando más allá de mí, o tu propio reflejo encima mío. Yo no soy más un medio para vos. Mirarme es la última opción que te queda, pero no deja de ser una opción para vos. (Por suerte)

3) Si dieras un pasito, por más cortito que fuese, en dirección hacia mí, de ninguna manera te pediría que retrocedieras. Pero tenés miedo. El miedo paraliza. Yo también tuve miedo. Yo también me quedé como una estatua cuando tendría que haber sido como una abeja y volar en círculos hasta llegar a una flor. Pero fui estúpida. No, no quiero decir que seas estúpido. Pero si no me das una señal, si no levantás un poquito el vuelo, si no avanzas nunca, nunca te voy a pedir que retrocedas (o sigas avanzando) y el hecho de habernos cruzado no va a tener más sentido que cruzarme con cualquier otra persona o animal en cualquier otra calle o subte. No me mires: hablame.